El 23 de octubre de 1965, ingresó en el panteón de los héroes del pueblo, el abogado trujillano, peruano, comunista y combatiente revolucionario, internacionalista, Comandante General del MIR, Luís de la puente Uceda, su posición en todos los espacios mencionados, fue caracterizada siempre por la constancia, la consecuencia y la creación revolucionaria.
Ráfagas homicidas de la represión burguesa cegaron la vida de uno de nuestros jefes más decididos, sin embargo sus acciones constituyen una visión clara respecto al camino que todo revolucionario debe seguir. Cuando fue estudiante, De la Puente , dirigente del Apra en aquella época, inicia una crítica interna, desnudando las mentiras y traiciones del partido de Haya de la Torre , principalmente oponiéndose a la coalición del partido aprista y el odriísmo, ya que esta alianza impedía toda transformación en el terreno agrario.
De la Puente , que preparaba entonces una tesis titulada "Hacia la Reforma Agraria en el Perú", observó con asombro el giro cada vez más pro-imperialista del APRA. Ante esto fue gestor del "Comité Aprista de Defensa de los Principios Doctrinarios y de la Democracia Interna ", a través del periódico "Voz Aprista", intentó "luchar internamente en defensa de los principios originales". Como todo revolucionario, se guiaba por los preceptos de la unidad, sin embargo su facción fue expulsada en la IV Convención del Partido Aprista en 1959. Al año siguiente, con su periódica "Voz Aprista Rebelde" levanta los principios de la nueva "Apra Rebelde", que en 1962 al hacerse Marxista-Leninista cambia al nombre de Movimiento de Izquierda Revolucionaria. El odio y la felonía aprista, siempre perseguiría al Comandante, llegando inclusive al intento de homicidio, era odio cobarde de los enemigos del pueblo.
La correlación de fueras internacional, la entrega del Perú a los "barones del agro", la presencia de la influencia militar, y explotación militar de los EE.UU., así como el triunfo de la Revolución Cubana ; hechos que constata en persona a través, de sus viajes a Europa, Asia, Cuba y otros lugares de América lo impulsan junto con la dirección y las bases del MIR a iniciar las acciones guerrilleras, un 9 de junio de 1965 en el centro del país. El fantoche ex presidente Belaunde los califica de abigeos, negando ante el mundo la importancia de la insurrección. La prensa los denomina "guerrigeos". La penetración norteamericana es tan fuerte que la CIA infiltra las organizaciones estudiantiles y sindicales, con el fin de obtener datos de los guerrilleros. Algunos puntos débiles como lo vulnerable de la organización, deficiencia de apoyo logístico, etc. facilitaron la fuga de información. Es en aquella época que el Comandante señala: "El MIR no es el partido único de la revolución, sino un factor del proceso que marcha hacia la formación del partido de la revolución peruana, y como tal, lo interesante es tomar la iniciativa porque es en el campo de la acción en donde se encontrarán las respuestas".
Nuevamente la felonía del Apra(cada vez más bisagra del imperialismo en el Perú, a través de su líder máximo Haya de la Torre ataca en " La Tribuna ",órgano oficial del PAP: "¿Cómo se explica que tomen las armas?, porque el objetivo que persiguen no es la justicia, es la conquista del Perú, la entrega de nuestro país a una nación extranjera. El Perú se halla en estado de guerra no convencional, con los poderes comunistas de Rusia, China y su protectorado de Cuba". Mientras tanto el gobierno de Belaunde aprueba, con el apoyo total del Apra la Ley 15590 en Agosto de 1965, que señala: "Pena de muerte para los traidores". Los diputados aprobaron por unanimidad. El 18 de septiembre el Apra y los odriístas aprueban la Ley 15591 autorizando la venta de "Bonos de defensa de la soberanía nacional" por doscientos millones de soles, destinados a combatir la “subversión”. Estos bonos fueron adquiridos por empresas transnacionales como la Internacional Petroleum Company, y también el Partido Aprista. De esta forma entregaban a los guerrilleros, patriotas y revolucionarios a las garras genocidas del imperialismo yanqui. Imperialismo que tenía presentes en Vietnam, cuatrocientos mil efectivos norteamericanos y que el 21 de octubre impulsaban el golpe de Estado de Suharto en Indonesia, causando una gran matanza entre patriotas, demócratas y comunistas.
Ante estos hechos de avanzada imperialista y con un viraje en el viejo campo socialista, lo único que había que hacer era construir el poder popular revolucionario. De la Puente se lanzó a la lucha como más tarde lo haría el Che Guevara en Bolivia, y aunque la guerrilla fuera derrotada rápidamente no estuvo equivocado, su camino era el correcto, más allá de los análisis antojadizos sobre el foco guerrillero, de la carencia de una sólida base social, del poco o ningún apoyo que la izquierda formal les brindó, de los epítetos ofensivos de aventureros y diversionistas con que tildaban a los guerrilleros.
De la Puente y el MIR pensaron que las guerrillas constituían las formas de lucha adecuada para las extensas áreas subdesarrolladas de nuestro país, litigio que al tornarse prolongado significaría una carga económica que el Estrado y la clase dominante no soportaría, y la consecutiva agudización de las contradicciones entre las clases, acercando al pueblo explotado y excluido en su conjunto a los principios y acciones revolucionarias.
El 23 de octubre de 1965, el Comandante Luís Felipe de la Puente Uceda , enfermo y cercado es capturado en Mesa Pelada, Aymabamba, al frente de su grupo, luego liquidado junto a sus compañeros. Murió firme en sus convicciones y peleando. Desaparecieron su cadáver para evitar un multitudinario entierro popular.
Este duro golpe a las fuerzas revolucionarios, sumado a la captura, tortura y exterminio de Máximo Velando, así como la desaparición de Guillermo Lobatón, constituyó el fin de las guerrillas del MIR. La muerte de estos comandantes guerrilleros y de otros tantos luchadores revolucionarios significó para el pueblo la pérdida de grandes maestros y de vigías permanentes del proceso revolucionario mundial, aquellos que entregaron sus vidas por un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo.
El Programa del MIR se centraba en la reforma agraria, la nacionalización del petróleo, el fin del latifundio, la devolución de tierras a las comunidades indígenas, la expropiación de los fondos azucareros, la eliminación de los contratos agrarios capitalistas con pago indemnizatorio a los campesinos, amnistía para los presos políticos, salario vital y recuperación de la soberanía nacional. La mayor parte de estos puntos son extraídos principalmente de la Tesis presentada en 1957 por De la Puente en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Trujillo, que tenia como objetivo proscribir la servidumbre, incorporar al indio a la vida nacional, fomentar la organización comunitaria, elevar el nivel de vida de la población y promover la integración económica nacional, ampliando el mercado interno y cimentando el desarrollo de la industria nacional.
Ahora, a todos los que nos reclamamos hijos de las posiciones revolucionarias, nos corresponde como herencia el camino trajinado por el Comandante, el tomar en nuestras manos las correctas intenciones, el sentir en carne y corazón el profundo espíritu de transformación de nuestra realidad, el entender que la vocación revolucionaria de De la Puente y sus camaradas fue una forma integral de comprender y hacer la lucha, de sentir y practicar la Revolución. La vocación revolucionaria del Comandante General ha de ser la nuestra, la de integrar todos los aspectos revolucionarios en la defensa acérrima de los intereses de las clases explotadas. Su práctica crítica, su mensaje integrador y conciso, su interés sincero en construir un núcleo promotor para la formación del Partido revolucionario, lo acerca definitivamente a José Carlos Mariátegui, su amor por el campesinado y sus luchas, su preocupación por la reforma urbana lo ligan necesariamente al legado de todas las sangres de José María Arguedas, todo esto nos llama a la acción, único criterio para demostrar que lo que se dice se hace.
Un compañero de prisión de Luís de la Puente y de Guillermo Lobatón, un poeta revolucionario, cuenta le prometieron hacer la revolución al salir del presidio, ellos cumplieron, él les dedicó un poema, me permito leer de Jorge Bacacorzo:
Alto Horario Para Honrar A Los CaídoHAN caído hombres que eran maestros y vigíasy otros que aprendían el oficio de la aurora.
Y esta vez las banderas son rudos sollozosy lágrimas los estallidos que no casan.
Cuánta palidez lunar en medio de la tierra,cuánto silencio entre los huesos,cuántas barbas verdes emergiendoal lado de las que ya conocían edades y misterios.cuántas fechas al borde de las manos y ahoraoscuras en el fuego.
Pero los guerrilleros de negro no se enlutan,con el rojo más vivo y purolas carabinas y canciones que van contra el ocasoy el diario martillar de pasos y de sueñosrecuerdan a sus muertos que aún alientansobre árboles y espumasporque los pioneros van en el vientoy en el viento siguen siendo estrellas que murmuran.
De la Puente y sus camaradas, hicieron de la revolución una forma de vida, y de su práctica, un magisterio. Todos los hechos así lo demuestran.
De la Puente , que preparaba entonces una tesis titulada "Hacia la Reforma Agraria en el Perú", observó con asombro el giro cada vez más pro-imperialista del APRA. Ante esto fue gestor del "Comité Aprista de Defensa de los Principios Doctrinarios y de la Democracia Interna ", a través del periódico "Voz Aprista", intentó "luchar internamente en defensa de los principios originales". Como todo revolucionario, se guiaba por los preceptos de la unidad, sin embargo su facción fue expulsada en la IV Convención del Partido Aprista en 1959. Al año siguiente, con su periódica "Voz Aprista Rebelde" levanta los principios de la nueva "Apra Rebelde", que en 1962 al hacerse Marxista-Leninista cambia al nombre de Movimiento de Izquierda Revolucionaria. El odio y la felonía aprista, siempre perseguiría al Comandante, llegando inclusive al intento de homicidio, era odio cobarde de los enemigos del pueblo.
La correlación de fueras internacional, la entrega del Perú a los "barones del agro", la presencia de la influencia militar, y explotación militar de los EE.UU., así como el triunfo de la Revolución Cubana ; hechos que constata en persona a través, de sus viajes a Europa, Asia, Cuba y otros lugares de América lo impulsan junto con la dirección y las bases del MIR a iniciar las acciones guerrilleras, un 9 de junio de 1965 en el centro del país. El fantoche ex presidente Belaunde los califica de abigeos, negando ante el mundo la importancia de la insurrección. La prensa los denomina "guerrigeos". La penetración norteamericana es tan fuerte que la CIA infiltra las organizaciones estudiantiles y sindicales, con el fin de obtener datos de los guerrilleros. Algunos puntos débiles como lo vulnerable de la organización, deficiencia de apoyo logístico, etc. facilitaron la fuga de información. Es en aquella época que el Comandante señala: "El MIR no es el partido único de la revolución, sino un factor del proceso que marcha hacia la formación del partido de la revolución peruana, y como tal, lo interesante es tomar la iniciativa porque es en el campo de la acción en donde se encontrarán las respuestas".
Nuevamente la felonía del Apra(cada vez más bisagra del imperialismo en el Perú, a través de su líder máximo Haya de la Torre ataca en " La Tribuna ",órgano oficial del PAP: "¿Cómo se explica que tomen las armas?, porque el objetivo que persiguen no es la justicia, es la conquista del Perú, la entrega de nuestro país a una nación extranjera. El Perú se halla en estado de guerra no convencional, con los poderes comunistas de Rusia, China y su protectorado de Cuba". Mientras tanto el gobierno de Belaunde aprueba, con el apoyo total del Apra la Ley 15590 en Agosto de 1965, que señala: "Pena de muerte para los traidores". Los diputados aprobaron por unanimidad. El 18 de septiembre el Apra y los odriístas aprueban la Ley 15591 autorizando la venta de "Bonos de defensa de la soberanía nacional" por doscientos millones de soles, destinados a combatir la “subversión”. Estos bonos fueron adquiridos por empresas transnacionales como la Internacional Petroleum Company, y también el Partido Aprista. De esta forma entregaban a los guerrilleros, patriotas y revolucionarios a las garras genocidas del imperialismo yanqui. Imperialismo que tenía presentes en Vietnam, cuatrocientos mil efectivos norteamericanos y que el 21 de octubre impulsaban el golpe de Estado de Suharto en Indonesia, causando una gran matanza entre patriotas, demócratas y comunistas.
Ante estos hechos de avanzada imperialista y con un viraje en el viejo campo socialista, lo único que había que hacer era construir el poder popular revolucionario. De la Puente se lanzó a la lucha como más tarde lo haría el Che Guevara en Bolivia, y aunque la guerrilla fuera derrotada rápidamente no estuvo equivocado, su camino era el correcto, más allá de los análisis antojadizos sobre el foco guerrillero, de la carencia de una sólida base social, del poco o ningún apoyo que la izquierda formal les brindó, de los epítetos ofensivos de aventureros y diversionistas con que tildaban a los guerrilleros.
De la Puente y el MIR pensaron que las guerrillas constituían las formas de lucha adecuada para las extensas áreas subdesarrolladas de nuestro país, litigio que al tornarse prolongado significaría una carga económica que el Estrado y la clase dominante no soportaría, y la consecutiva agudización de las contradicciones entre las clases, acercando al pueblo explotado y excluido en su conjunto a los principios y acciones revolucionarias.
El 23 de octubre de 1965, el Comandante Luís Felipe de la Puente Uceda , enfermo y cercado es capturado en Mesa Pelada, Aymabamba, al frente de su grupo, luego liquidado junto a sus compañeros. Murió firme en sus convicciones y peleando. Desaparecieron su cadáver para evitar un multitudinario entierro popular.
Este duro golpe a las fuerzas revolucionarios, sumado a la captura, tortura y exterminio de Máximo Velando, así como la desaparición de Guillermo Lobatón, constituyó el fin de las guerrillas del MIR. La muerte de estos comandantes guerrilleros y de otros tantos luchadores revolucionarios significó para el pueblo la pérdida de grandes maestros y de vigías permanentes del proceso revolucionario mundial, aquellos que entregaron sus vidas por un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo.
El Programa del MIR se centraba en la reforma agraria, la nacionalización del petróleo, el fin del latifundio, la devolución de tierras a las comunidades indígenas, la expropiación de los fondos azucareros, la eliminación de los contratos agrarios capitalistas con pago indemnizatorio a los campesinos, amnistía para los presos políticos, salario vital y recuperación de la soberanía nacional. La mayor parte de estos puntos son extraídos principalmente de la Tesis presentada en 1957 por De la Puente en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Trujillo, que tenia como objetivo proscribir la servidumbre, incorporar al indio a la vida nacional, fomentar la organización comunitaria, elevar el nivel de vida de la población y promover la integración económica nacional, ampliando el mercado interno y cimentando el desarrollo de la industria nacional.
Ahora, a todos los que nos reclamamos hijos de las posiciones revolucionarias, nos corresponde como herencia el camino trajinado por el Comandante, el tomar en nuestras manos las correctas intenciones, el sentir en carne y corazón el profundo espíritu de transformación de nuestra realidad, el entender que la vocación revolucionaria de De la Puente y sus camaradas fue una forma integral de comprender y hacer la lucha, de sentir y practicar la Revolución. La vocación revolucionaria del Comandante General ha de ser la nuestra, la de integrar todos los aspectos revolucionarios en la defensa acérrima de los intereses de las clases explotadas. Su práctica crítica, su mensaje integrador y conciso, su interés sincero en construir un núcleo promotor para la formación del Partido revolucionario, lo acerca definitivamente a José Carlos Mariátegui, su amor por el campesinado y sus luchas, su preocupación por la reforma urbana lo ligan necesariamente al legado de todas las sangres de José María Arguedas, todo esto nos llama a la acción, único criterio para demostrar que lo que se dice se hace.
Un compañero de prisión de Luís de la Puente y de Guillermo Lobatón, un poeta revolucionario, cuenta le prometieron hacer la revolución al salir del presidio, ellos cumplieron, él les dedicó un poema, me permito leer de Jorge Bacacorzo:
Alto Horario Para Honrar A Los CaídoHAN caído hombres que eran maestros y vigíasy otros que aprendían el oficio de la aurora.
Y esta vez las banderas son rudos sollozosy lágrimas los estallidos que no casan.
Cuánta palidez lunar en medio de la tierra,cuánto silencio entre los huesos,cuántas barbas verdes emergiendoal lado de las que ya conocían edades y misterios.cuántas fechas al borde de las manos y ahoraoscuras en el fuego.
Pero los guerrilleros de negro no se enlutan,con el rojo más vivo y purolas carabinas y canciones que van contra el ocasoy el diario martillar de pasos y de sueñosrecuerdan a sus muertos que aún alientansobre árboles y espumasporque los pioneros van en el vientoy en el viento siguen siendo estrellas que murmuran.
De la Puente y sus camaradas, hicieron de la revolución una forma de vida, y de su práctica, un magisterio. Todos los hechos así lo demuestran.
¡Gloria eterna a los caídos en combate!
¡Respeto sin límites a los Comandantes De la Puente , Velando, Lobatón,
y demás camaradas de lucha!
¡Hasta la victoria final!
¡Hasta la victoria final!
¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!
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